O mejor podría decir…¿Cómo interpretar las TEMIDAS gráficas de percentiles en bebés?

Y digo esto porque, por algún motivo, se les da un valor que no es el que le corresponde.

Es más, en nuestra ob-se-sio-na-da población con métricas, imagen y comparativas, parece ser que hemos desarrollado una tendencia a interpretar estas gráficas como si fueran un concurso de moda.

Pero…empecemos por el principio, ¿ok?

Las gráficas de percentiles en bebés son unos patrones que se utilizan en salud pública para llevar un control preventivo del bienestar y crecimiento adecuado de nuestros bebés.

¿Qué son las gráficas de percentiles?

Las gráficas de percentiles en bebés son unos patrones que se utilizan en salud pública para llevar un control preventivo del bienestar y crecimiento adecuado de nuestros bebés.

Normalmente se utilizan las tablas desarrolladas por la Organización Mundial de la Salud (que son en las que me voy a basar ahora), pero a veces se utilizan otras diferentes.

En el eje horizontal de la gráfica se representa la edad y en el eje vertical se representa el peso del bebé u otros perímetros (como el de la cabeza por ejemplo).

De esta forma, nos dará como resultado un punto concreto en la gráfica.

Por otro lado, en las gráficas están marcadas las siguientes líneas: P3, P15, P50, P85, P97, que corresponden a los diferentes percentiles.

¿Cómo se interpretan las gráficas de percentiles?

Lo que las gráficas de percentiles representan es el porcentaje de población sin patología asociada que está por encima o debajo de esa línea.

Es decir, que si tu bebé está en el percentil 85 significa que el 85% de los niños están por debajo de su peso y el 15% de los niños está por encima de su peso.

La mayoría de la gente tiene la idea de que lo ideal es que nuestro bebé esté en el percentil 50 porque es la media o en un percentil superior porque no nos gustan los niños delgados.

Esto tiene tan poco sentido como decir que lo ideal para la salud es ser castaño porque el porcentaje de rubios en España es inferior al 50% de la población.

Vamos, que un percentil es eso, un porcentaje de población y cada adulto, niño o bebé es diferente. No debemos obsesionarnos con buscar una media en nuestros hijos, sino respetar sus rasgos distintivos.

Entonces… ¿No sirven para nada los percentiles?

Si, claro que sirven. Sirven para que los profesionales los interpreten las gráficas adecuadamente y tomen las medidas preventivas que estimen.

Principalmente, lo que tu pediatra va a mirar en las tablas de percentiles es que no haya una desviación extraña o sospechosa con el paso del tiempo.

Es decir, lo habitual es que si tu bebé está en el percentil 40 se mantenga en esa misma línea o similar a lo largo del tiempo.

Pero, si de repente, tu bebé que estaba en el percentil 40 empieza a subir o bajar de percentil excesivamente en sus mediciones, puede llamar la atención del pediatra y éste indagará un poco más para descartar cualquier problema.

Y recalco la palabra EXCESIVAMENTE.

Por otro lado, se considera que por debajo del percentil 3 o por encima del percentil 97 puede subyacer un exceso de peso o un problema de baja talla, y en tal caso, se suele hacer algún estudio complementario o llevar un seguimiento más personalizado. ¡Pero podría ser que no existiera ningún problema real! Simplemente se toman precauciones por-si-acaso.

El percentil con el que nace un bebé depende de muchas cosas, entre ellas la genética propia del niño y el estatus en el embarazo.

Si tu bebé tiene un percentil alto o bajo al nacer, no tienes que tomar ninguna medida particular para que suba o baje. No hay que darle cereales, ni ningún otro suplemento o alimento extraño. Simplemente hay que velar por alimentarlo de la forma más natural posible y siempre a demanda: Es decir, con lactancia materna o en su defecto leche de fórmula.

He visto infinidad de bebés con percentiles altos o bajos alimentados sólo mediante lactancia materna y no han tenido absolutamente ningún problema, ni de sobrepeso, ni de delgadez extrema. Es más, se han desarrollado como niños perfectamente sanos.

¿Algo más a tener en cuenta?

Sí, un par de cosas.

La mayoría de los bebés (no todos, pero si la mayoría) tienen porcentajes muy altos de grasa, que pueden rondar en torno al 25-30% de su peso corporal.

Esto es fisiológico, es decir, normal.

Supone un mecanismo de defensa, porque tenemos que recordar que no siempre hemos vivido con acceso a leches de fórmula ni alimentos constantes y a lo largo de nuestra evolución hemos pasado épocas de carestía. Por lo que ese alto porcentaje de grasa suponía que el bebé no se muriera de hambre si su madre no podía alimentarlo ese día.

Lo digo porque hay familias a las que les preocupa que su bebé sea «gordito», y mientras que el bebé se esté alimentando hasta los 6 primeros meses de edad de lactancia sin ningún añadido, y después de los 6 meses con una alimentación complementaria adecuada, no hay nada de lo que preocuparse. Tu bebé irá perdiendo sus reservas de grasa, poco a poco, y de forma natural.

Por otro lado, la valoración del estado de salud de un bebé o niño pequeño a través de su IMC (Índice de Masa Corporal), que es el criterio que se utiliza a nivel poblacional y en muchas consultas, DEJA MUCHO QUE DESEAR.

Es una métrica que no sirve para individualizar, ya que sólo toma como referencia valores de talla y peso, sin hacer distinción entre porcentaje de grasa o de músculo por ejemplo, por lo que tiene muy poca sensibilidad para identificar el exceso de grasa corporal, llegando hasta a infravalorar el exceso de peso en 1/4 parte de la población infantil (A. Javed, et al. 2015)

Conclusiones

Mamá y papá, no os preocupéis del percentil de vuestro bebé. No tengáis expectativas al respecto. No toméis medidas por vuestra cuenta.

Vuestro pediatra llevará un control preventivo para ver que no hay ninguna desviación alarmante, y si la hay, se indagará al respecto por si pudiera deberse a algún tipo de patología (por ejemplo, una malaabsorción o intolerancia), aunque no tendría porqué.

Disfrutar de su alimentación y velar porque se alimenta a base de lactancia exclusiva durante los 6 primeros meses y con alimentación complementaria a partir de ese momento.

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